Como Las Aves del Cielo

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¿Sabías que la visión de las aves es muy distinta a la de los seres humanos? Es cierto que el ojo del hombre es una maravilla irreproducible que solo el Dios del cielo pudo haber creado, pero aunque podemos presumir de nuestra visión, esta, no se compara con la de las aves.

La vista de las aves reúne las mejores características de los vertebrados y los reptiles formando así una adaptación que les permite una agudeza visual superior. Mientras que nosotros contamos con tres receptores de color en nuestros ojos las aves tienen cuatro, esta característica la comparten con los peces y reptiles pero con la diferencia de que las aves poseen más conexiones nerviosas entre los fotorreceptores y el cerebro, estas entre muchas otras características hacen que las aves puedan ver colores que nosotros jamás podremos contemplar, por otro lado les permite ver desde las alturas a pesar de los arboles que se interponen con una gran nitidez y perfecto enfoque que inclusive logran detectar un insecto verde sobre una hoja a gran distancia, algo imposible de percibir para nosotros.

¿Sabías además que Dios dice que el mismo ampara a su pueblo como las aves del cielo?

Muchos creerán que pueden ocultarse de Él, que pueden pasar desapercibidos camuflándose entre la  gente, otros dirán que Dios no se entera de lo que les pasa, de sus problemas, de su dolor, pero tanto los unos como los otros deben saber que Dios no ve como nosotros.

Su mirada sobre nosotros es aguda, perfectamente enfocada, él ve en nosotros lo que ninguna otra persona ni nosotros mismos podemos ver, la biblia enseña que el corazón del hombre es engañoso y perverso, nosotros mismos no conocemos nuestro corazón, sin embargo Dios es el que lo escudriña. Dios sabe cada uno de nuestros pensamientos y deseos, no podemos escondernos de él, si pecamos él lo sabe, pero también sabe cuando hay un corazón que desea agradarle, sabe cuando estamos dispuestos a honrarle con nuestras vidas, sabe cuando vivimos momentos de dificultad, el nos ve en la oscuridad de la tormenta, nos ve en lo profundo del pozo, nos ve cuando nadie más nos mira.

Ese es nuestro Dios, no el Dios frío y distante que muchos se imaginan sino el Padre amoroso que tiene sus ojos sobre sus hijos, ese mismo Padre que aunque a veces espera en silencio que nos dirijamos a Él eso no significa que no esté presente.

 

“Como las aves que vuelan, así  amparará Jehová de los ejércitos a Jerusalén,  amparando, librando, preservando y salvando. “

                                                                                                                                              Isaías 31:5

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