Invirtamos bien nuestro tiempo

Devocionales 562

En el tiempo que vivimos nadie tiene tiempo, vemos correr la gente de un lado a otro y es que hay tanto para hacer… la vida es ajetreada, entre el trabajo, el estudio, la iglesia, la familia y un sinfín de actividades de las que hacemos parte no podemos caminar, no podemos detenernos un minuto, hay que correr.

Todos sabemos esto, por eso el marketing arma sus estrategias publicitarias enfocadas a un público que necesita que todo sea ¡ya! Desde lo más básico, como preparar un almuerzo hasta pagar las cuentas, hacer trámites, llegar a un destino, queremos que todo sea instantáneo.

Lamentablemente esto ha afectado nuestras relaciones interpersonales, para nadie es un secreto que las familias ya no tienen ese tiempo para hablar, que los hijos crecen muchas veces con dudas y no tienen un padre cerca que les explique, que aun los matrimonios se desintegran por esa falta de comunicación y es que aunque decidamos ignorar a quienes están a nuestro lado el tiempo sigue pasando y nosotros no podemos ganarle la carrera.

Nuestro tiempo es un recurso muy valioso, pero qué mejor que invertirlo en cultivar esas relaciones fuertes y firmes con nuestras familias y más aun con nuestro Dios…

En esta sociedad tan escasa de este precioso recurso no es extraño ver quienes quieren vivir un evangelio instantáneo también, quieren tener una relación con el Señor pero sin invertir tiempo para conocerle, muchos cristianos se encuentran tan ocupados buscando tantas otras cosas, afanados, desesperados que no pueden estar en la iglesia, sacar tiempo para orar o estudiar la palabra del Señor, y como ésta cuestión del tiempo es tan común entre nosotros llegamos a pensar que Dios se va a conformar con esa excusa, sin embargo, él quiere con nosotros una relación cercana, intima, una relación donde halla tiempo para buscar su rostro y oír su voz, contarle lo que hay en nosotros y así cada día enamorarnos más de él y ser más como él.

Así como los niños adoptan y aprenden posturas, palabras y modos de actuar de sus padres o de aquellos que pasan la mayoría del tiempo con ellos, nosotros al pasar más tiempo con nuestro Padre celestial aprenderemos a ser más como Él. Hemos oído decir: “dime con quién andas y te diré quién eres” también seria valido decir: muéstrame lo que has aprendido y sabré con quién has pasado tu tiempo.

 

 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como   sabios,

 Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.

 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

Efesios 5:15-17

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